Liderazgo y competencias de inteligencia emocional en la relación del médico y su equipo

El liderazgo es la habilidad para orientar y dirigir a un grupo hacia el logro de una meta aplicando los conocimientos, aptitudes y actitudes personales. El líder utilizando su empatía, optimismo y entusiasmo puede generar en los demás el estado de ánimo adecuado ante las circunstancias. En el día a día de un médico, éste debe ejercer un liderazgo sobre su equipo de trabajo que lleve a obtener los resultados marcados y a generar un ambiente colaborativo. Así pues el éxito del médico, no solo se basa en sus propias competencias sino que también radica en su capacidad de promover la acción y compromiso encada uno de los miembros de su equipo. En muchas ocasiones el médico trabaja con equipos multidisciplinares, para ello ha de liderar a profesionales de esferas profesionales tan dispares como la radiología, la psicología, informática o la medicina forense. Por ello, las capacidades emocionales se revelan clave para lograr la sinergia y la comunicación efectiva en una realidad cada vez más compleja.

En EyCO ayudamos al médico a ser consciente de sus fortalezas, áreas de mejora y a identificar su estilo de liderazgo. Así éste logra entender cuál en su labor como líder y qué competencias de inteligencia emocional se necesitan desarrollar para lograr incorporarlas a su praxis diaria.

En EyCO, acompañamos a las organizaciones empresariales, educativas, sociales y de salud en su camino hacia la mejora continua

Ante cualquier duda, pregunta, reflexión o aspecto que deseéis comentar no dudes en ponerte en contacto conmigo. Será un placer poder ayudarte.

 

Pedro Morchón Camino

Pedro Morchón Camino

Director de EyCO

www.exitoycoaching.com

Tfono: 671038509

Coach certificado por Asociación española de coaching ejecutivo (AECOP) y la

Asociación española de programación neurolingüística (AEPNL)

Inteligencia emocional en medicina

Inteligencia emocional en medicina

El conocido Accreditation Council for Graduate Medical Education(ACGME) de Estados Unidos ha especificado las destrezas interpersonales y de comunicación del médico son competencias clave y están vinculadas con el ejercicio de la inteligencia emocional. En Estados Unidos, los primeros programas universitarios de intervención en inteligencia emocional dentro de la medicina muestran que es necesario iniciar, entrenar y evaluar de forma sistemática las diferentes competencias de la inteligencia emocional antes de la  incorporación del médico al mundo laboral.

La inteligencia emocional (Daniel Goleman, Peter Salovey y John Mayer) se plantea como la capacidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; la capacidad para entender la emoción y el conocimiento emocional; y la capacidad para regular las emociones y promover el crecimiento emocional e intelectual.

¿En qué campos puede ser útil la inteligencia emocional en el ámbito de la Medicina?

  1. En la relación médico-paciente, y en aspectos relacionados con la calidad del cuidado y la satisfacción del paciente.
  2. El rendimiento, el nivel de implicación y satisfacción profesional de los médicos
  3. El desarrollo de las habilidades de liderazgo del médico para con su equipo de trabajo (enfermeras, otros médicos, radiólogos, fisioterapeutas…)
  4. Los procesos de selección en centros educativos y profesionales médicos
  5. El entrenamiento y desarrollo de las habilidades de comunicación clínica.

El médico que posee capacidades emocionales y habilidades de comunicación clínica logra aumentar también el grado de adherencia de los pacientes al tratamiento prescrito y su nivel de satisfacción con la consulta. A su vez, los médicos con más emociones positivas y más felices son más empáticos con sus pacientes y sufren con menor frecuencia síntomas de depresión y burnout tan frecuentes en la profesión. Paralelamente, estas competencias emocionales son la base para el ejercicio de un liderazgo resonante por parte del médico, lo que posibilita la excelencia y la optimización de resultados por parte del equipo de profesionales que el médico lidera en su actividad diaria.

El desafío para los próximos años será diseñar programas eficaces para que los médicos del siglo XXI tengan a partes iguales los conocimientos técnicos más evolucionados sobre las enfermedades, así como la inteligencia emocional necesaria para establecer una comunicación clínica efectiva y positiva con sus pacientes.

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Pedro Morchón Camino

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El médico que no miraba a los ojos…

Desafíos de los líderes seniors

El paso del tiempo amplía ciertos derechos. Uno de ellos, el derecho a opinar, se hace mayor cuando la experiencia acumulada invita a una mirada retrospectiva y nos entrega la llave del contraste entre pasado y presente.

Hay un bloque de años en nuestro recorrido por la vida diseñado para desarrollar una serie de facultades específicas que presumiblemente compondrán todos los recursos necesarios para el ejercicio de nuestra profesión. Evidentemente, y más aún, en un momento como el actual, de declive socioeconómico, sabemos que formación y profesión no están directamente relacionadas más que en contadas ocasiones.

Sin embargo, existen oficios en los que ambas piezas coexisten inexorablemente, oficios teóricamente inconcebibles sin su rigurosa preparación previa. Por la cabeza se nos pasan entonces multitud de trabajos donde convergen orígenes muy diferentes; y de igual modo, otras profesiones cuyo punto de partida solo admite una ruta para alcanzar su destino. ¿Y cuál es el caso del ejercicio de la Medicina?

Nadie duda de que para ser médico se precisa una base de conocimientos sólida y extensa, repleta de tecnicismos y de razonamientos complejos. Durante la carrera de Medicina se dedica muchísimo tiempo a la adquisición de toda esa materia, la cual, por otra parte, no tiene fronteras. Son horas y horas de entrega total y desenfrenada a libros y a apuntes como respuesta a un planteamiento que obedece a una creencia, según la cual, el almacén de la memoria juega el papel fundamental, y ensalza esta cualidad del alumno por encima de cualquier otra virtud. Y es precisamente en ese punto donde se comete un error garrafal que puede tener consecuencias nefastas.

El sistema universitario actual, ya desde hace décadas, fomenta una excelencia académica que ignora lo elemental: formar médicos. Un médico es una persona al servicio de otras personas que demandan algo tan básico como humano, y que no se proporciona con toneladas de ciencia. Lo que espera el que acude al médico se resume en dos palabras: sentirse mejor. La enfermedad es el nexo de unión en la relación médico-paciente, pero jamás debe entenderse como un proceso puramente físico sujeto a mecanismos fisiopatológicos y apartados de quien la padece. Desde el momento en que conceptualmente se aborda el problema de la enfermedad como un acontecimiento tan aislado, el paciente no va a encontrar fácilmente aquello que realmente busca. Es aquí donde se presenta una dualidad inseparable: la del “cuerpo humano” y la del “ser humano”.

En el caso del primer concepto, todas las referencias van a ser relativas a la parte científica, que no obstante, es fundamental a la hora de establecer un diagnóstico y de fijar un tratamiento. El dominio del funcionamiento del cuerpo es, por tanto, de obligado conocimiento para el profesional que ejerce la Medicina. Sin embargo, ¿qué pasa con el ser?, ¿por qué los planes de formación universitaria parecen haberlo apartado?, ¿por qué se ha obviado a la persona que sufre?, ¿por qué se olvida que consultar por un “mal-estar” es consultar por “estar-mal”?. Las respuestas a estas cuestiones pasan por el fenómeno de la deshumanización que durante las últimas décadas ha devastado los pilares de la formación profesional en general y en prácticamente todos los ámbitos, no sólo en el de la Medicina. El sistema actual se ha olvidado de la empatía, clave en la comunicación emocional y herramienta extraordinaria en el abordaje del enfermo, más allá de su enfermedad.

Un buen amigo mío, hace casi veinte años, me contaba lo decepcionante que era para él conversar con una médico que no le mirase a los ojos. El tesoro de la comunicación no verbal se va al traste, y cuando no tiene lugar esa pequeña mirada a los ojos, en ese instante, se pierde la oportunidad de recoger una mercancía valiosísima de sentimientos, de intenciones, de grados de confianza, de miedos, de preocupaciones, de dudas, de mentiras incluso…, y en definitiva, de un conocimiento amplísimo de la persona. El que mira a los ojos cuando habla, se hace transparente al que le escucha; y si el que escucha mantiene la mirada, al menos ya lo está reconfortando con el simple gesto.

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